El Salón del Automóvil de Detroit, históricamente uno de los escenarios más vibrantes del motor mundial, afronta una edición decisiva. Lejos quedan ya los tiempos del espectáculo desmedido, cuando las presentaciones de vehículos incluían cristales rotos, manadas de ganado o la asistencia masiva de 5.000 periodistas internacionales y casi un millón de visitantes. En su regreso a la tradicional franja invernal, con el evento programado hasta el 25 de enero, la organización busca recuperar el pulso y el prestigio perdido. El objetivo es adaptarse a la era de las redes sociales y la atención fragmentada, dejando atrás los excesos para centrarse en lo que realmente importa hoy al consumidor: una oferta tecnológica que abarca desde los híbridos hasta la combustión tradicional y las nuevas experiencias de usuario.
El dilema del comprador actual
Precisamente, esta variedad que se exhibe en Detroit refleja la complejidad que afronta el conductor medio en España. Hace no tanto tiempo, la decisión de compra se limitaba a una dicotomía simple: gasolina o diésel. Sin embargo, la actual gama de propulsores ha revolucionado el mercado, generando una nube de dudas. Para arrojar luz sobre este panorama, y tomando como referencia los datos de la Red Operativa de Desguaces Españoles (RO-DES), es fundamental desglosar las cuatro grandes familias que conviven hoy en los concesionarios: gasolina, diésel, electrificados y los impulsados por gas (GLP o GNC).
La vigencia del motor de gasolina
Pese a la presión normativa, el motor de gasolina —o de cuatro tiempos— sigue siendo un pilar fundamental. Su funcionamiento se basa en la termodinámica: convierte la energía química, fruto de la ignición de aire y combustible, en energía mecánica. Este proceso cíclico consta de cuatro fases bien diferenciadas. En la admisión, la válvula se abre permitiendo que la mezcla fluya al cilindro. Durante la compresión, el pistón asciende sellando la cámara. Es entonces cuando las bujías generan la chispa en la fase de explosión, empujando el pistón hacia abajo, para finalmente abrir la válvula de escape y expulsar los gases quemados hacia el exterior.
La resistencia del diésel
Aunque tradicionalmente asociado al transporte pesado, maquinaria y vehículos industriales por su capacidad para soportar grandes cargas de trabajo, el motor diésel ha tenido una penetración masiva en el parque móvil particular español. Desde su invención por Rudolf Diesel en 1893, la tecnología ha evolucionado notablemente. Su mecánica comparte la estructura de cuatro tiempos con la gasolina, pero con diferencias clave en la ejecución.
En la fase de admisión del diésel, el cilindro se llena solo de aire. Al comprimirse este aire en la segunda fase, alcanza altas temperaturas. La magia ocurre en la combustión: el inyector pulveriza el combustible en la cámara y este se inflama inmediatamente al contacto con el aire caliente, sin necesidad de chispa. Finalmente, la inercia del sistema permite la expulsión de gases y el reinicio del ciclo.
La realidad eléctrica y sus variantes
Resulta curioso que, aunque percibidos como la gran novedad, los motores eléctricos son anteriores a los de combustión interna. Ya entre 1832 y 1839, Robert Anderson desarrolló el primer automóvil eléctrico puro, capaz de generar movimiento mediante campos magnéticos y sin explosiones. En el mercado actual, la oferta se ha diversificado más allá del vehículo eléctrico de batería (BEV). Encontramos opciones como los de pila de combustible (FCEV) alimentados por hidrógeno, y los omnipresentes híbridos. Estos últimos, ya sean convencionales (HEV) o enchufables (PHEV), combinan la eficiencia de un motor eléctrico de imán permanente con la autonomía de uno de combustión interna.
Alternativas de gas: GLP y GNC
Por último, ganan terreno los vehículos propulsados por Gas Licuado del Petróleo (GLP) o Gas Natural Comprimido (GNC). Cada vez son más los fabricantes que apuestan por versiones bifuel de sus modelos. Estas opciones destacan por aumentar la vida útil del motor, ya que su combustión genera menos residuos y el desgaste de los cilindros es menor. No obstante, requieren un mantenimiento preventivo riguroso, pues en ocasiones la lubricación es más compleja y puede acelerar el deterioro de las válvulas si no se revisan adecuadamente. Entender estas diferencias es clave para que el consumidor, abrumado ante escaparates como el de Detroit, pueda elegir la mecánica que mejor se adapte a su vida diaria.